Ser ñuu savi y/o ser gay

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Por Alonso Hernández

Historiador y cronista LGBT+, Director de Archivos y Memorias Diversas, Coordinador del Seminario Histórico LGBTTI Mexicano, El Taller de Los Martes, Administrador del Obituario LGBTTTI Mexicano y militante del Grupo Guerrilla Gay.

México es un país profundamente misógino, y, por tanto, homofóbico, aunque también profundamente racista. Por muchos discursos de funcionarios de DDHH, por mucho que se venera a Benito Juárez o Emiliano Zapata en México, el color de piel y, desde luego, el origen étnico, esos rasgos que son visibles, desde muy niño te marca como «distinto». En el discurso familiar y social se habla de “mejorar la raza”; constantemente se chulea al recién nacido que tiene rasgos «europeos», e incluso se hacen diferencias entre quienes son “leche con café” y “café con leche”, por dar algunos ejemplos de lo que se vive en la cotidianeidad.

Saberse indígena además, es complejo en un mosaico de distintas identidades que han pretendido sobrevivir al hegemónico mito del mestizaje que desvaneció la conciencia de los pueblos originarios. Algunos pueblos como los zapotecos o los purépechas son menos homofóbicos, por sus tradiciones más cortesanas y artísticas. No así los mixtecos, que preferimos autodenominarnos Ñuu Savi (pueblo de la lluvia) y, cuya base de su organización es el patriarcado y la masculinidad hegemónica.

Ser homosexual en una sociedad mixteca rural es más restringido que en una sociedad mixteca urbana, mientras la primera te obliga al clóset, a la práctica bisexual o a la castidad, pues todavía existe la creencia de que la homosexualidad significa ser un rol pasivo y femenino –travestismo incluido-. En los centros urbanos, en cambio el silencio se vuelve regla, se sabe pero no se comenta y por tanto no existe. Eso no es todo.

Flayer, Mexicanos indígenas y Orgullosos – Diversidad Sexual y Culturas Indígnenas en la CdMx. Fuente: Alonso Hernández, director y fundador de la organización Archivos y Memorias Diversas.

Ser indígena dentro de las poblaciones LGBTIQPN+, está condicionado a tu lugar de origen, a tu lengua, cuando esas reglas sólo son aplicables desde el poder y no desde el autoconocimiento, así hemos sido invisibilizados por diputadas trans o activistas gays. Mientras que somos vistos también como “chacales, mayates, chichifos”, cuerpos exotizados para el deleite y consumo de identidades creadas desde occidente.

No siempre hemos estado separados del movimiento, prueba de ello fue el FHAR oaxaqueño, o la participación de algunos colectivos como Palomilla Gay en las convenciones zapatistas en Chiapas hacia 1994. Tal vez por ello, desde el 2009 comenzamos a trabajar dentro del colectivo La Madriguera, este tipo de reflexiones entre las masculinidades, las identidades indígenas y el orgullo LGBT+.

Resultado de ello no solo fueron las Jornadas Madrigueras en La Galería José María Velasco, también la creación de la bandera que nos identificaría, como indígenas y diversos en la sexualidad, en el género y el amor. Esta bandera creada por Eduardo Pérez “El Gavilán” basado en la base alimenticia de gran parte de la población indígena mesoamericana: el maíz en su diversidad de colores al que doté del siguiente significado a partir de nuestras propias voces:

Blanco: Color que representa a Quetzalcóatl también conocido como Tezcatlipoca blanco, su región es el Este y es el dios encargado de proveer de fertilidad a las cosechas, a él se le debe la creación del hombre tomado del maíz y el conocimiento en varias artes incluyendo la astronomía. El blanco está asociado a la luz, la bondad, la inocencia, la pureza, limpieza y salud.

Amarillo: El dios Xiuhtecuhtli es el dios del fuego del hogar, su color es amarillo. El amarillo simboliza la luz del sol. Representa la alegría, la felicidad, la inteligencia y la energía. El amarillo sugiere el efecto de entrar en calor, provoca alegría, estimula la actividad mental y genera energía muscular. Con frecuencia se le asocia a la comida.

Rojo Vino: Color que representa a Xipe Totec o Tezcatlipoca rojo su región es el Este donde nace el sol. Es la parte masculina del universo, la región de la juventud y de la aurora, del maíz tierno, la abundancia, la riqueza y el amor. Representa la fertilidad y los sacrificios. Era también el patrono de los orfebres. Su nombre significa Nuestro Señor, el Desollado y se debe a que se quitó la piel para alimentar a la humanidad, símbolo de la semilla de maíz que pierde la capa externa antes de la germinación. El color rojo es el del fuego y el de la sangre, por lo que se le asocia al peligro, la guerra, la energía, la fortaleza, la determinación, así como a la pasión, al deseo y al amor.

Morado: El púrpura aporta la estabilidad del azul y la energía del rojo. Se asocia a la realeza y simboliza poder, nobleza, lujo y ambición. Sugiere riqueza y extravagancia. El color púrpura también está asociado con la sabiduría, la creatividad, la independencia, la dignidad. El morado está asociado a los rituales de semana santa, a la pasión de Cristo y desde luego al mestizaje.

Azul: Huitzilopochtli conocido también como Tezcatlipoca azul o colibrí izquierdo. Es el señor del Sur, Dios principal de los mexicas, se le asocia Representa la lealtad, la confianza, la sabiduría, la inteligencia, la fe, la verdad y el cielo eterno. En la cosmogonía judeo cristiana, el azul es el color mariano por excelencia, el color de la Virgen María.

Negro: Tezcatlipoca, su color es el negro y es el señor del Norte del universo, quien juzga a los muertos. Es el señor del cielo y de la tierra, fuente de vida, tutela y amparo del hombre, origen del poder y la felicidad, dueño de las batallas, omnipresente, fuerte e invisible. Quetzalcóatl y Tezcatlipoca son dualidad antagónica. Su emblema es un cuchillo de obsidiana, que representa el viento negro y cortante. Es el dios de la noche y la tentación hacia los placeres carnales. Una de sus características más relevantes es poseer la juventud eterna, por eso era llamado telpochtli (el siempre joven). Es invisible, virtud por la que se lo creía omnipresente. Se le atribuye además el nombre yáotl (el enemigo), como la creación del aire y la música (en una mano porta flechas, en la otra una flauta). Es el dios que da y quita la riqueza, es el protector de los esclavos. Representa el poder, la elegancia, la formalidad, la muerte y el misterio.

A manera de postludio he de comentar que desde el Comité Histórico impulse en 2014, una serie de productos culturales para acercar estos dos mundos, el de pueblos originarios y el de las poblaciones LGBT+ como spots en: náhuatl, mazateco y otomí, así como una postal bilingüe en español y náhuatl.

Pueblos originarios

Reconocemos que nuestras preferencias u orientaciones sexuales e identidades de género no deben ser barrera para ejercer nuestros derechos ciudadanos. No hay una sola manera de vivir la mexicanidad en una sociedad pluricultural y plurilingüe. La discriminación hacia las poblaciones indígenas se acentúa al interior y al exterior también por su preferencia u orientación sexual e identidad de género. Una ciudad que pretende ser inclusiva, tiene la obligación de implementar políticas públicas con presupuesto etiquetado.

Macehualtzihtzin:

Tiquimateh tonetzyoltinilizhuan huan tonixmatilizhuan aocmo quitequeh tonixcayoh yuh ahuacah. Axuncan ce nemiliztle inicpana quiyoli mexicayotl campa monoz miec yuhcatiliztin huan tlahtoltin ihtic (tlalnamiquiyalquetl). Cualancaitahle pala macehualtzihle mohueye quiahuac huan calihtic ipampa tenetzyoltiliniz huan tixmatiliz. Ce altepetl quicualitaz tohuampohuan monenequi quixmati huan quitecpana in tlanahuatiliz monequiltia tomintica inicpana.

Tu odio no cambia por decreto; ¿Derechos? ¡Faltan!

Mococoliz ahmo quipatla monahuati zan; ¿Tlahtolnamictin? ¡Xuncan!

FIN.

«Las opiniones, posturas, citas y referencias expresadas en este artículo son responsabilidad de la persona autora señalada al inicio del mismo y no necesariamente reflejan la posición de Yaaj México o sus aliados.»